Resolvemos consultas sobre grabados, rosas de los vientos y caligrafía histórica. El equipo responde en un plazo máximo de 48 horas hábiles.
Para preguntas detalladas sobre planchas, tintas o atribución de mapas.
Respuesta en 24–48 h
Consultas breves sobre horarios de sala de lectura o envío de reproducciones.
Lun–vie, 10:00–17:00
Envío de documentación física o solicitudes formales de acceso al archivo.
Travesía Roig, 651, 86º D
Respuesta por correo en 5–7 días
Tiempo de respuesta estándar
Consultas generales: 48 h · Reproducciones digitales: 72 h · Solicitudes de investigación: 5 días hábiles
Nos centramos en mapas marítimos del siglo XVI, conocidos como portulanos, que trazaban las rutas comerciales del océano Atlántico, Índico y Mediterráneo. Estudiamos su diseño visual, el grabado en cobre y la simbología náutica, como la rosa de los vientos y las líneas de rumbo.
Está dirigido a historiadores del arte, estudiantes de bellas artes, diseñadores gráficos interesados en la historia de la comunicación visual y cualquier persona curiosa por la estética de los mapas antiguos. No se requiere conocimiento previo de cartografía.
La técnica principal era el grabado en planchas de cobre. El cartógrafo dibujaba el mapa al revés sobre la plancha, y un grabador tallaba las líneas con buriles. Luego se entintaba la superficie y se presionaba contra papel, obteniendo una impresión de alta definición. Cada mapa era una obra de arte única.
La rosa de los vientos no solo indicaba los puntos cardinales, sino que organizaba visualmente la carta náutica. Sus brazos y subdivisiones permitían trazar rumbos directos entre puertos. Desde el punto de vista artístico, era un elemento decorativo que los cartógrafos embellecían con oro, colores y motivos heráldicos.
No vendemos reproducciones. Nuestro archivo es exclusivamente documental y educativo. Proporcionamos análisis detallados, referencias bibliográficas y enlaces a museos donde se conservan los originales, como la Biblioteca Nacional de España o el Museo Naval de Madrid.
El proceso de creación de un mapa marítimo en el taller del siglo XVI seguía una secuencia rigurosa de oficios y decisiones estéticas.
El comerciante o piloto describía las rutas del océano Atlántico y los puertos que necesitaba ver representados. Se acordaban las dimensiones de la carta y el tipo de pergamino.
Sobre la superficie se dibujaba la rosa de los vientos principal y las líneas de rumbo que cruzarían el océano. Este esqueleto geométrico definía la navegabilidad del mapa.
El artesano transfería el diseño a una plancha de cobre. Cada línea de costa, cada isla y cada anotación se incide a buril, permitiendo tiradas de hasta doscientas copias.
Una vez impreso, el iluminador aplicaba aguadas de color para reinos, mares y banderas. El calígrafo rotulaba a mano los topónimos con tinta ferrogálica, siguiendo la jerarquía visual del cartógrafo.
El navegante comprobaba la disposición de los puertos y la orientación de los rumbos. Cualquier error en la posición de un cabo o un bajo podía costar una embarcación.
La carta se enrollaba en un cilindro de madera para su transporte. El taller conservaba una copia de prueba como registro del trabajo, que hoy forma parte de los archivos históricos.